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          Apuntes del Profesor Luis Carrasco-Garrido

Apuntes del Profesor Luis Carrasco-Garrido

Un Blog de Opinión realizado por un Profesor de Filosofía e Ingeniero

Publicado en por Luis Ángel Carrasco Garrido

Por Luis Carrasco Garrido
Director Programa de Gestión del Riesgo y Cambio Climático – Académico UTEM

Chile enfrenta una temporada de incendios forestales cada vez más compleja, marcada por condiciones climáticas extremas que han dejado de ser excepcionales. Altas temperaturas sostenidas, baja humedad relativa y vientos intensos configuran un escenario estructuralmente distinto al de décadas anteriores. En este contexto, resulta necesario revisar críticamente las estrategias de prevención y respuesta, particularmente cuando muchas de ellas se activan una vez iniciado el período estival, es decir, cuando el riesgo ya se ha materializado.

El cambio climático ha modificado profundamente el comportamiento del fuego. A diferencia del pasado, las temperaturas no descienden de manera significativa durante la noche, lo que impide la recuperación de la humedad ambiental y mantiene activos los focos de riesgo durante las 24 horas del día. El incendio deja de ser un fenómeno acotado a ciertas franjas horarias y se transforma en una amenaza permanente.

Este nuevo escenario vuelve altamente peligrosas prácticas que durante años fueron consideradas de bajo riesgo. Quemas, mantenciones eléctricas, trabajos de soldadura, uso recreativo del fuego o incluso actividades cotidianas pueden transformarse hoy en detonantes de incendios de gran magnitud. La abundancia de vegetación seca, sumada a condiciones meteorológicas adversas, favorece una rápida ignición y propagación, superando muchas veces la capacidad de control temprano.

Uno de los principales problemas identificados es la persistencia de un enfoque preventivo tardío. Muchas de las acciones más efectivas, limpieza de entornos, manejo de combustibles vegetales, cortafuegos, planificación territorial, requieren ser ejecutadas con una anticipación mínima de seis meses o más meses. Cuando estas medidas se intentan implementar en plena temporada de incendios, su impacto es limitado y, en algunos casos, meramente simbólico.

A ello se suma un déficit cultural relevante. Gran parte de la población continúa evaluando el riesgo con parámetros del pasado, bajo la lógica de que “siempre se hizo así y nunca ocurrió nada”. Sin embargo, el contexto climático actual invalida esa experiencia histórica. Persistir en esas conductas implica desconocer que el escenario ha cambiado radicalmente y que el margen de error se ha reducido de forma drástica.

Desde el punto de vista de la política pública, esta situación exige claridad normativa. En condiciones climáticas extremas, las recomendaciones voluntarias resultan insuficientes. La prevención efectiva requiere prohibiciones explícitas y fiscalizables respecto al uso del fuego, quemas, asados, pirotecnia y cualquier actividad que genere calor o chispas. La ambigüedad en el mensaje traslada la responsabilidad a personas que, muchas veces, no dimensionan el riesgo real al que exponen a su entorno.

Otro elemento estructural del problema es la creciente interfaz urbano-forestal. Chile es un país angosto, con una expansión urbana que ha difuminado los límites entre lo forestal y lo habitado. Hoy los incendios pueden comenzar en sectores residenciales y propagarse al bosque, o iniciarse en áreas forestales y terminar arrasando viviendas. Ya no se trata solo de zonas rurales o campamentos.

La falta de un ordenamiento territorial efectivo agrava esta situación. Existen viviendas, bodegas, animales y actividades productivas emplazadas en sectores de alto riesgo, muchas veces sin registros formales. Esto dificulta la planificación preventiva y multiplica las consecuencias sociales, económicas y ambientales cuando el fuego avanza.

En cuanto al combate de los incendios, es fundamental considerar el factor humano. Los incendios forestales son emergencias de alto desgaste físico y mental: jornadas prolongadas, deshidratación, estrés térmico y un fuego impredecible convierten estas operaciones en algunas de las más peligrosas del mundo. La evidencia internacional muestra que los incendios forestales concentran un mayor número de víctimas fatales que los incendios estructurales, precisamente por su comportamiento errático y su rápida evolución.

Chile ha avanzado de manera significativa en capacidades de respuesta, fortaleciendo brigadas terrestres, flotas aéreas y sistemas de coordinación interinstitucional. Sin embargo, incluso países con mayores recursos tecnológicos enfrentan episodios en los que el fuego supera toda capacidad de control. Por ello, la discusión no puede centrarse únicamente en incorporar más medios, sino en diseñar estrategias integradas, realistas y anticipatorias.

En definitiva, los incendios forestales en Chile ya no pueden abordarse como eventos estacionales. Constituyen un riesgo estructural asociado al cambio climático, que exige cambios profundos en la cultura preventiva, la normativa, el ordenamiento territorial y la planificación estratégica. La pregunta ya no es si tendremos incendios, sino cuán preparados estaremos para evitar que se transformen en tragedias anunciadas.

Incendios forestales en Chile: prevención tardía y desafíos estructurales en un escenario de cambio climático por Luis Carrasco Director Programa de Gestión del Riesgo y Cambio Climático Entrevista Radial https://lnkd.in/dbbZFC7a 30-12-2025 / Radio Cooperativa Programa: Lo que queda del día (Bloque 2) Inicio: 19:03 Final: 19:15 Duración: 00:12:30 min

 

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