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          Apuntes del Profesor Luis Carrasco-Garrido

Apuntes del Profesor Luis Carrasco-Garrido

Un Blog de Opinión realizado por un Profesor de Filosofía e Ingeniero

Por Luis Carrasco Garrido
Director del Programa de Gestión del Riesgo y Cambio Climático UTEM

Los incendios forestales ocurridos en Chile nos vuelven a enfrentar a una pregunta incómoda, pero imprescindible: ¿de quién es la evacuación? ¿Es una responsabilidad exclusiva del Estado? ¿Es de los organismos técnicos que monitorean el fuego? ¿De quién está a cargo del Plan? ¿De la Municipalidad? ¿De quién emite la alerta? ¿O es, finalmente, de cada persona que debe decidir salir o quedarse?

Cuando el fuego está fuera de control, el escenario se vuelve dinámico, incierto y, muchas veces, desconcertante. No estamos frente a una emergencia lineal. Un terremoto o un tsunami siguen patrones relativamente conocidos: las zonas de riesgo están delimitadas, las vías de evacuación identificadas. En cambio, un incendio forestal, especialmente en contexto de interfaz urbano-rural puede cambiar de comportamiento en minutos. El viento transforma las llamas en una marea de fuego. Las pavesas pueden desplazarse decenas de kilómetros. Lo que parecía seguro deja de serlo en minutos.

En ese contexto, la evacuación no es un acto meramente logístico; es una decisión crítica que salva vidas. La evacuación preventiva es una decisión racional ante la incertidumbre

Existe una tendencia natural a subestimar el riesgo cuando el fuego “se ve lejos”. Sin embargo, las condiciones meteorológicas, altas temperaturas, baja humedad, vientos intensos, convierten el incendio en un fenómeno altamente impredecible. El fuego salta quebradas, atraviesa caminos, supera cortafuegos y se instala en sectores que nunca imaginaron estar en peligro.

Por eso la evacuación preventiva es fundamental. No se evacúa porque el fuego esté en la puerta; se evacúa porque puede estarlo pronto. ¿Aquí aparece la primera dimensión de la pregunta: la evacuación es una decisión técnica cuando la autoridad la decreta, pero es también una decisión personal cuando se ejecuta?

Hemos avanzado, pero no es suficiente. Chile ha avanzado significativamente en sistemas de alerta y coordinación. El Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) representa un salto tecnológico importante. Existen puestos de comando, mayor coordinación interinstitucional y recursos más robustos que hace veinte años. Sin embargo, la tecnología por sí sola no salva vidas. Una alerta es información. Pero la evacuación es conducta. Y la conducta está mediada por cultura, experiencia, emociones y percepciones del riesgo.

Muchas personas dudan. Esperan. Observan el humo antes de salir. Defienden sus enseres. Piensan en décadas de esfuerzo material. Es comprensible desde lo humano, pero riesgoso desde lo técnico. La vida es irreemplazable; los bienes no.

El problema cultural es ¿obedecer o esperar? Aquí emerge un punto crucial: la evacuación también es un fenómeno cultural.

La autoridad puede emitir la alerta más precisa del mundo, pero si la ciudadanía no confía o no actúa oportunamente, el sistema falla. No por carencia tecnológica, sino por déficit cultural. La gestión del riesgo no termina en la alerta. Requiere educación permanente, simulacros, claridad en las instrucciones y, sobre todo, aceptación social del principio básico: cuando se ordena evacuar, se evacúa.

La evacuación oportuna reduce víctimas, reduce rescates innecesarios y permite que los equipos de emergencia se concentren en controlar el incendio y no en rescatar personas que pudieron salir antes.

Vías despejadas, planificación olvidada. También debemos asumir nuestras deudas estructurales. Las vías de evacuación deben estar despejadas de vegetación fina y basura. Las rutas no pueden convertirse en trampas. La planificación territorial debe integrar la variable riesgo de incendio. No basta con reaccionar; debemos anticiparnos. Muchas veces pagamos en medio de la emergencia lo que no hicimos en tiempos de normalidad.

Además, la calidad del aire se convierte en un factor crítico. Personas con enfermedades respiratorias pueden ver comprometida su movilidad si esperan demasiado. La evacuación tardía no solo expone al fuego, sino también al humo tóxico. ¡No hay humo bueno!

Otro elemento clave es el liderazgo operativo, en terreno, por gente que sabe y aplica. En incendios dinámicos, las rutas seguras pueden cambiar rápidamente. Se requiere conducción clara, orientación en terreno y mensajes coherentes. Salir en auto en sentido contrario o improvisar rutas aumenta el riesgo colectivo.

La evacuación no es desorden; es acción coordinada. Entonces, ¿de quién es la evacuación? La respuesta es compleja, pero necesaria: “la evacuación es de todos”.

Es del Estado que debe planificar, invertir, coordinar y alertar oportunamente.
Es de los municipios y el estado los que deben despejar vías y educar a la comunidad local.
Es de los organismos técnicos monitorear y proyectar escenarios.
Pero también es de cada ciudadano que debe decidir actuar con responsabilidad. La gestión del riesgo es un sistema. Y un sistema es tan fuerte como su eslabón más débil.

Si la alerta existe, pero no se obedece, el sistema fracasa.
Si la planificación existe, pero no se mantiene y revisa periódicamente, el sistema fracasa.
Si la cultura preventiva no se construye, el sistema fracasa.

En emergencias recientes hemos conocido cifras dolorosas de personas fallecidas. Cada número representa una historia, una familia, un proyecto de vida interrumpido. Y muchas veces, detrás de esas pérdidas, existe una decisión tardía.

La pregunta final no es solo técnica. Es ética. Cuando suene la alerta, ¿qué haremos?

Porque en incendios forestales la diferencia entre vivir y morir puede medirse en minutos. Y la evacuación, en definitiva, no es solo una orden. Es un acto de responsabilidad colectiva frente a un riesgo que ya no es excepcional, sino parte de nuestra nueva normalidad climática.

La evacuación es del Estado.

La evacuación es de la Municipalidad
La evacuación es de la comunidad.

La evacuación es de la empresa.
Pero, sobre todo, la evacuación es de cada uno de nosotros.

 

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